viernes, 11 de noviembre de 2011

Conferencia ilustrada sobre “Federico García Lorca y los toros”


El pasado jueves 10 de noviembre a las 19 horas., en el Complejo Bibliotecario Municipal “Francisco López Merino”, dio su conferencia de incorporación como catedrático el intelectual español Salvador Arias Nieto: “Federico García Lorca y los toros”. La misma estuvo organizada por la Cátedra Libre de Cultura Andaluza de la Universidad Nacional de La Plata en el marco de las actividades del programa “2011 Año Lorquiano” y contó con la adhesión de las siguientes instituciones: Patronato “Federico García Lorca” de la Diputación de Granada; Oficina Cultural de la Embajada de España en la Argentina; Viceconsulado Honorario de España en La Plata; Federación de Asociaciones Andaluzas de la República Argentina; Instituto Cultural de la Provincia de Buenos Aires; Consejo Argentino para las Relaciones con Andalucía, Municipalidad de La Plata; Círculo Cultural Andaluz y el Club Español de La Plata; Secretaría de Extensión Universitaria y Prosecretaría de Arte y Cultura de la Universidad Nacional de La Plata; Departamento de Letras y Biblioteca de Humanidades “Prof. Guillermo Obiols”.

Salvador Arias Nieto, flamencólogo y taurólogo, autor de una completísima antología sobre la poesía taurina del siglo XX y Catedrático Correspondiente en Santander de la Cátedra Libre de Cultura Andaluza, alertó sobre la errónea imagen que se tiene de García Lorca como “poeta taurino”, cuando en realidad no era un gran conocedor de la fiesta, caso contrario al de Rafael Alberti, Gerardo Diego o José Bergamín. Posteriormente se centró en la relación con los hispalenses Sánchez Mejías y Romero Murube, en la gestación del famoso “Llanto” y en la edición ilustrada por José Caballero que el poeta granadino regaló a su par sevillano. Al final de la charla, Arias Nieto donó un ejemplar de la edición facsimilar del “Llanto” que perteneció a Romero Murube para la biblioteca de la Cátedra Libre de Cultura Andaluza.


Salvador Arias Nieto, Guillermo Pilía y Laura Molina

Finalizada la disertación, Salvador Arias Nieto recibió un diploma de reconocimiento por parte de la Directora del Complejo Bibliotecario Municipal, Lic. Liliana Pérez, como así también el diploma que lo acredita como Catedrático Correspondiente en Santander, adscripto al Aula de Taurología “Ignacio Sánchez Mejías”. Finalmente, se dio lectura al Decreto del Intendente Municipal de La Plata, Dr. Pablo Bruera, quien lo declaró “Huésped de Honor” de la ciudad y cuyo original le fue entregado, en representación del jefe comunal, por su Director de Relaciones Públicas, Carlos Alfredo Santos Valle.

domingo, 7 de agosto de 2011

El regreso del caracol

El siglo de oro de la poesía taurina

Salvador Arias Nieto (compilador)

Después de seis años de publicar una primera edición —que comentamos en Letralia 112 el 16 de agosto de 2004—, el español Salvador Arias Nieto (Santander, 1944) ha reunido lo mejor de la poesía española dedicada a la fiesta brava, esta vez en 916 páginas, trescientas más que en aquella oportunidad.

El siglo de oro de la poesía taurina es una antología monumental que ha comportado labores de rastreo y documentación desde 1997 sobre una base total de cinco mil poemas, que tras la selección —en la que participaron Conchita Santamaría Guillén, Carmen Postigo San Emeterio y Enrique Torre Bolado— arrojó esta antología con casi quinientos poemas de más de trescientos autores nacidos o nacionalizados en España, y de cuya distribución topográfica da cuenta un agregado que saluda al lector al abrir el volumen.

Los autores son presentados cronológicamente partiendo de su año de nacimiento. Así, el libro recorre el género a través de todo el siglo XX e incluso buena parte del XIX, desde José María de Pereda (1833-1906) y Salvador Rueda (1857-1933) hasta los más jóvenes del conjunto, Francisco Javier Cano Expósito (1973), Carmen Moreno (1974) y Rafael Peralta Revuelta (1978). Entre otros autores seleccionados se encuentran firmas fundamentales de la literatura de habla hispana como Miguel de Unamuno, Gabriel Celaya, Gloria Fuertes, Miguel Hernández, Federico García Lorca o Manuel Machado; los ganadores del Premio Nobel de Literatura Vicente Aleixandre y Juan Ramón Jiménez; los ganadores del Premio Cervantes Rafael Alberti, Dámaso Alonso, Antonio Buero Vallejo, Gerardo Diego, José García Nieto, Jorge Guillén, José Hierro, Luis Rosales y Francisco Umbral; sacerdotes como Ramón Cué o Juan María Robles Febré; militares como José Fernández Gallart o Federico de Mendizábal, o incluso dos toreros: Mario Cabré y Rafael de la Serna.

En las notas con que se acompaña esta nueva edición se explica cómo fueron seleccionados los textos: “Comenzamos la tarea revisando, analizando y tamizando los más de cinco mil poemas con temática taurina que se han examinado y verificado en las múltiples sesiones de trabajo. Basándonos en criterios tales como la calidad artística de la obra, la belleza y originalidad de la misma y la riqueza y expresividad del lenguaje, han quedado antologados un total de 334 poetas a los que pertenecen los 486 poemas recogidos en esta nueva edición”.

Aspirando a ser obra de consulta definitiva sobre el tema, el libro incluye un documentado estudio sobre la poesía taurina, a modo de introducción, así como una amplia bibliografía y cinco índices: alfabético, cronológico, topográfico, temático y onomástico. Una sección final titulada “Plaza vacía” añade un resumen estadístico con datos de interés sobre las profesiones de los autores o los premios que han recibido. Y, quizás como velado anuncio de una nueva edición futura, arroja el dato de que se han quedado en las alforjas más de doscientos textos de 114 autores de 22 países, entre los que se encuentran Lord Byron, Jean Cocteau, Jorge Luis Borges, Gabriela Mistral, Pablo Neruda, Nicolás Guillén o César Vallejo, entre otros.

lunes, 13 de junio de 2011

Iván Fandiño, protagonista de las jornadas de la Peña Taurina

Participará este viernes a partir de las 20,00 horas en el Monasterio de San Juan

Lun, 13/06/2011

I.Crespo. / Burgos

El diestro Iván Fandiño será el protagonista estelar de las jornadas de la Peña Taurina que arrancan este viernes. El vizcaíno tomará parte en un mano a mano junto al crítico de EL MUNDO-EL CORREO DE BURGOS, Iñigo Crespo; El acto esta anunciado para la sesión inaugural en el que repasará su carrera, las claves de su reciente paso por San Isidro, ciclo del que ha sido uno de los triunfadores, así como las sensaciones que vive días antes de su presentación en la feria de San Pedro de Burgos, prevista para el próximo 27 de junio. El coloquio comenzará a las 20,00 horas en la Sala Capitular del Monasterio de San Juan.

El acto se desarrollará a modo de entrevista pública e íntima entre el periodista y el torero de Orduña. Previamente a las 19,00 horas se inaugurará en el mismo marco del Monasterio de San Juan, una exposición de temática taurina del pintor Pepe Moreda, quien presentará su colección de serigrafía taurina. Tras la inauguración se celebrará la presentación del libro ‘Antologia Taurina del Siglo de Oro’, a cargo de Juan Mons. Los tres actos estarán amenizados por el Grupo Flamenco ‘Barrio Viejo’.

Estreno de ‘Soleá’

La segunda jornada cultural de la Peña Taurina será el martes 21 de junio y tendrá por marco el Teatro Principal. Se pondrá en escena un espectáculo que fusiona las artes escénicas con el mundo de los toros y que lleva por título ‘Toros y Tablas’.

El escenario del Principal se llenará de ambiente taurino para hablar de toros, literatura y teatro con la participación del crítico de EL MUNDO, Javier Villan, del ganadero salmantino Juan Carlos Martín Aparicio, del director del Instituto Castellano de la Lengua, Gonzalo Santonja y del matador de toros burgalés, José Ignacio Ramos.

Durante el espectáculo se proyectará y presentará por vez primera en Burgos, el cortometraje ‘Soleá’, protagonizado por el propio José Ignacio Ramos y cuyo argumento gira en torno a las últimas horas de vida del genio trianero, Juan Belmonte. La obra se presentó este invierno en Bilbao con gran éxito. La velada será amenizada en esta ocasión por la guitarra de Mariano Mangas.

lunes, 28 de febrero de 2011

PAREDES DE NAVA Y LA POESÍA

Una noche de enero, heladora y quieta como un oso polar iluminado, con reflejos dorados en el cielo sobre la plaza, como si fueran tibias antorchas encima de las casas señoriales y sobrevolando la torre de la iglesia, caímos entre el silencio y la soledad abrumadora de sus calles, en nuestro querido pueblo de Paredes de Nava.

Desde nuestra vecina Cantabria, la institución cultural de La Venencia, había tenido a bien bajar a esta tierra castellana, para presentar una hermosa Antología de Poesía Taurina, que es excepcional. Yo los conozco hace años, y siempre me ha llamado la atención este grupo de personas que en principio no tienen que ver profesionalmente con las letras, al menos todos, pero sí con el amor al arte, valga en este caso la expresión más literal.

Su presidente, Salvador Arias, es un hombre apasionado y riguroso cuando enfrenta proyectos de esta índole, tenaz y perfeccionista, amén de ser un ser humano cariñoso y simpático donde los haya. Así también todos los que integran este grupo, hombres y mujeres entrañables, emplean mucho de su tiempo libre en amar la poesía y el arte en general, y tienen el gesto de la gente feliz, la conversación de las personas educadas y sencillas, y la sensibilidad canalizada en empeños nunca lucrativos y siempre bajo la estrella de la libertad. Este tipo de gente, su cercanía y su entrega es un regalo gratificante para pasar un viernes de enero a 4º bajo cero. No hizo falta ni vino de honor ni pinchoteo, ni cualquier otra cosa en este caso. Qué bien, así sólo, escuchar un rato hablar a estas personas de su andadura, de los años detrás de su Antología, y después desgranar unos poemas todos ellos hermosos, recitados por sus componentes, algunos a dúo matrimonial, y aunque el tema era lógicamente ensalzar al mundo del toro, hubo también algunos poemas antitaurinos.

Desde luego, se puede estar a favor o en contra de los toros. Pero lo que es indiscutible es, que desde siempre la llamada fiesta nacional ha generado una cantidad de sentimientos, historias, costumbres, plástica, música, colores, trajes, mujeres y hombres, tertulias y paisajes, madrinas y pañuelos, horarios, perfumes, palabras, broncas y aplausos,…que es imposible que todo eso se haya podido sustraer a la creación artística. Es imposible. Contiene todo lo esencial a ella: Forma y fondo, emociones, metáforas, sonidos, vida y muerte. Amor. Tragedia y peligro. Aventura.

En fin, estábamos en la asociación cultural de La Venencia, y en Paredes de Nava. Retomemos el tema de nuevo. Porque está hermosa villa tiene el loable proyecto de hacer de ella un enclave singular: “Ciudad de la poesía” dentro de nuestra comunidad.

Desde luego, ser cuna de ilustres y universales artistas ya es una magnífica razón. Jorge Manrique, el poeta de la esperanza, vio la luz en Paredes de Nava. Él fue el que por primera vez en la historia habló de que la vida terrenal es la que deja una huella indeleble en los demás, la fama, a la que llamó tercera vida. Él descubrió para la poesía el tema de los valores humanos presagiando el humanismo que ya se había instalado en Italia; esa nueva manera de entender la vida como disfrute y no como condena, nos la dejó impresa en una de las más grandes elegías de la historia universal, en la que su padre aparece como ejemplo de lo que debe ser un hombre “moderno”: Recordado por ser y no por tener. En versos maravillosos como sentencias, expone con una sobriedad y una enorme lucidez el poder igualatorio de la muerte y la fugacidad de las cosas materiales: dinero, poder y belleza. Señaló con palabras, en sus famosas estrofas de pie quebrado, verdades eternas que siguen teniendo el mismo sentido hoy. Todo ello acompañado con un ritmo funeral que corresponde al dolor de la muerte, pero que te deja el sabor grato del ejemplo de un hombre que queda en la memoria de los demás por sus virtudes, y no por su patrimonio.

Por si fuera poco Jorge Manrique, Paredes es cuna también de los Berruguete, el pintor Pedro, y su hijo Alonso, pintor y escultor, reconocidos mundialmente por su obra. Su paso por Italia, impone en sus obras un cierto manierismo italianizante que en contacto con el realismo algo triste, muy castellano, muy paredeño, dan a sus obras una singular textura, que linda con el dramatismo de los sentimientos. “Los Reyes de Israel” las admiradas tablas de Pedro Berruguete que rematan el Retablo de Esteban Jordán, en la Iglesia de Santa Eulalia, imponen por su nivel de perfección: cabellos, joyas, paños en los que se distingue la seda del terciopelo perfectamente como si la vista se volviera tacto, y la personalidad de cada rostro, que nos parecen vivos y actuales. Su fondo dorado, les pone luz, intensidad y una fina riqueza que suaviza la terca realidad. En esta misma iglesia se alberga el importante Museo parroquial de la villa. La Iglesia de Santa María, de estilo ojival, y la de San Juan, de esbelta torre y retazos mudéjares, así como el convento de Santa Brígida, de otro ilustre, el arquitecto Felipe Berrojo, son otras de las joyas de Paredes. En sus campos se oculta la antigua ciudad ocupada primero por los vacceos, y más tarde por los romanos, y su cercanía al canal de Castilla, hicieron de la Villa un lugar lleno de vida e importancia a través de su historia. Ahora se merece ser la capital de la poesía Esperemos que su intención, sea apoyada, y que podamos disfrutar con más frecuencia de estas reuniones culturales que tanta falta nos hacen. Paredes se lo merece, y tiene el apoyo de todos los que amamos la literatura, el buen gusto, el contacto con la sensibilidad de todos aquellos que hacen de sus sentimientos palabras inmortales, donde encontrarnos y comprendernos. Suerte en el empeño, y nuestro cariño a esta bella e ilustre villa.

Sari Fernández Perandones

El Norte de Castilla

lunes, 3 de enero de 2011

La antología ‘El siglo de oro de la poesía taurina’ recoge una selección de obras de 30 autores de Castilla y León sobre la fiesta nacional

VALLADOLID / CULTURA / Jueves - 9 diciembre de 2010 / 20:22


La segunda edición de la obra de casi un millar de páginas contiene 486 poesías de 334 poetas, tras revisar 5.420 creaciones, incluidas algunas antitaurinas

ICAL

La obra ‘El siglo de oro de la poesía taurina’ recoge una selección de obras de 30 autores de Castilla y León sobre distintos aspectos de la fiesta nacional. La antología, que se presenta en una cuidada edición en papel cuché y con estampados en oro, ofrece al lector a lo largo de casi 1.000 páginas en su segunda edición 486 poesías de 334 escritores. Para ello, un grupo de profesores de literatura de Cantabria han revisado 5.420 creaciones a favor y en contra del mundo del toro.

Ordenado cronológicamente, cuenta con poemas de autores hispanos tan diversos como José María de Pereda, Luis Montoto y Rautenstrauch, Ángel Ganivet, Juan Ramón Jiménez, Eugenio D'Ors, León Felipe, Pedro Salinas, José María de Cossío, Jorge Guillén, Gerardo Diego, Víctor de la SernaVicente Aleixandre, Federico García Lorca, Rafael Alberti, Agustín de Foxá, César González Ruano, Manuel Altolaguirre, Rafael Duyos, Alfredo Marqueríe, Luis Felipe Vivanco, Guillermo Díaz Plaja o Miguel Hernández, Fernando Fernán Gómez, Joaquín Sabina, entre otros.

Esta obra es fruto de un trabajo de 15 años que a juicio de su autor, Salvador Arias, demuestra el papel protagonista del toro en la cultura española del siglo XX. Arias, presidente del Aula de Cultura La Venencia, ha producido, coordinado y dirigido varias grabaciones de cante flamenco. También es autor, entre otros libros, de 'Tauromaquia Lírica, Dinastía Ordóñez' (Santander, 1999), y Ataúlfo Argenta. Una batuta para la historia (Santander, 2007). Como presidente del Aula de Cultura La Venencia, desde 1994, ha impulsado y dirigido varias colecciones entre las que destaca la de Artistas Plásticos del siglo XXI, con la colaboración de la galería Santiago Casar.

Importante aportación a la bibliografía taurina


"El Siglo de Oro de la poesía taurina"

El Aula de Cultura "La Venencia", de Santander, viene desarrollando una importante laboral cultural sobre la Fiesta. Entre sus actividades, ha reunido en su archivo poético/taurino más de 5.500 poesías, sin duda el archivo más importante existente. Ahora su Presidente, Salvador Arias, acaba de publicar, con la colaboración del Gobierno de Cantabria, una obra monumental: "El siglo de oro de la poesía taurina", con una acertada selección. Se trata de un libro que es necesario tener . De su blog "siglodeoropoesia.blogspot.com" reproducimos el análisis que realiza el profesor Guillermo Pilía y la reseña publicada por la Revista de Estudios Taurinos. Las actividades de esta Aula de Cultura se pueden consultar en http://www.lavenencia.org/.

viernes, 31 de diciembre de 2010

El Siglo de Oro de la poesía taurina

Para el aficionado español o mexicano, la poesía taurina, lo mismo que la música, la plástica o el cine relacionados al mundo de los toros, puede no ser más que un complemento de la fiesta, una de las tantas ramificaciones de determinada forma de expresión estética en otra, eso que en teoría del arte llamamos intertextualidad y transposición. Pero para el aficionado de un país en el que ya no se celebran estos espectáculos, para alguien que no ha asistido desde niño siquiera a modestas novilladas sin picadores, todo ese mundo colateral a la fiesta puede convertirse en el centro de una extraña y perpetua afición. De más está decir que estoy hablando de mí mismo y de lo que veo, brumosamente, como el germen de mi pasión por los toros: el Llanto por Ignacio Sánchez Mejías leído a una edad incomprensible en una bochornosa siesta de un verano platense, Tyrone Power (su doble) toreando por navarras en la versión de 1941 de Sangre y arena, mi abuela tarareando El niño de las monjas o El relicario... Después vendrían las primeras corridas televisadas, “vía satélite”, que se transmitieron en la Argentina con “El Cordobés”, Palomo Linares, Paco Camino: todo mucho antes de que pudiera ver en cuerpo y alma una corrida de toros. Quizás en España o en México o en Ecuador se ignora lo difícil que es ver nacer y después sostener una afición en un país donde no hay toros, y cuesta entender el consuelo que a veces encontramos los aficionados en ese mundo circundante a la tauromaquia. Sería exagerado decir que mi vocación por la poesía es una consecuencia de mi atracción por los toros, pero sí puedo afirmar que aquellos poetas que tocaron el tema taurino estuvieron desde siempre en mi biblioteca, más allá del juicio global de la crítica sobre sus obras.

Si en aquellos años de mi naciente afición hubiera tenido en mis manos El Siglo de Oro de la poesía taurina de Salvador Arias, creo que mi vida hubiera sido otra. Entonces me conformaba con lo que iba encontrando aquí y allá de García Lorca, Rafael Alberti, Miguel Hernández, y también de algún argentino como Enrique Larreta, cuyo hispanismo a ultranza resultaba tan chocante a gran parte de la intelectualidad de mi patria. Creo que la primera antología de la poesía taurina que entró en mi casa fue la de José María de Cossío Los toros en la poesía castellana. Estudio y antología, la versión “actualizada” (por no decir censurada) de 1944 de aquella anterior de 1931, parcial e incompleta a mi gusto (qué extraña la exclusión del de Orihuela), pero nimbada por el prestigio de quien había escrito su monumental obra Los Toros, tratado técnico e histórico, cuyos enormes volúmenes, tan difíciles de manipular, están hoy también en mi biblioteca, al lado ahora de las dos ediciones de El Siglo de Oro de la poesía taurina, antología de la que ya dije, en una primera impresión (y en esto hemos coincidido, sin saberlo, con Pedro Montero), que era para mí otro verdadero Cossío.

El Siglo de Oro de la poesía taurina es una ambiciosa obra coordinada por Salvador Arias Nieto, flamencólogo y taurólogo santanderino a quien recientemente hemos incorporado como Catedrático Correspondiente a la Cátedra Libre de Cultura Andaluza de la Universidad de La Plata. Contó Arias Nieto con la colaboración de un comité literario integrado por Conchita Santamaría Guillén, Carmen Postigo San Emeterio y Enrique Torre Bolado. Respecto a la primera antología, publicada en 2003, esta se nos hace más honda, larga y de mayor trapío, sin llegar a ser un toro de romana, pese a sus más de 900 páginas, sus 486 poemas y sus 334 poetas. No se trata de una recopilación de todo cuanto se escribió en poesía sobre los toros, tarea imposible de realizar, y ni siquiera de todo cuanto se tiene conocimiento que se compuso, ya que son muchos los autores y obras que han quedado soslayados. Se trata, en el sentido etimológico del término, de una verdadera antología, de lo que se ha considerado la flor (y nata) de la temática táurica, sin dejar de lado a los que se han manifestado en contra de la Fiesta Nacional. En este sentido, El Siglo de Oro de la poesía taurina hace gala de una amplitud de ideas y de tolerancia hacia los enemigos de la fiesta que difícilmente podamos hallar entre los antitaurinos. Por ello advierte Salvador Arias que la obra incluye “poemas protaurinos, que alaban la fiesta o enaltecen el valor de quienes participan en ella” pero que “también los hay rotundamente antitaurinos”, mientras que “otros, en cambio, tienen un carácter predominantemente táurico, pues se centran más en la figura del toro como animal que como elemento del toreo, y son numerosos los que utilizan el tema taurino como recurso alegórico para tratar otros contenidos”. Prevalecen, afortunadamente, los del primer grupo, pero esta amplitud de criterio ha permitido que ingresen poetas tan refractarios como Juan Ramón Jiménez y Luis Cernuda.

¿Cuál es el “Siglo de Oro” de la poesía taurina? Sin duda, el mismo “Siglo de Oro” del toreo, el siglo XX. La poesía clásica que recogen otras antologías está a veces tan apartada de nuestros gustos estéticos como el toreo de los siglos XVIII y XIX. La poesía de Moratín, por ejemplo, tiene el sabor de los tiempos de las banderillas de fuego y los toros desjarretados (suerte en la que eran muy hábiles mis paisanos de esos siglos). Salvador Arias justifica el título en la aparición, a comienzos del XX, de Manuel Machado, quizás el primer poeta taurino del siglo, en medio de una generación vacilante, la del 98, con exponentes tan taurófobos como Pío Baroja; la rivalidad entre Joselito y Belmonte, de donde deriva el toreo moderno; la estrecha amistad entre toreros e intelectuales y el decisivo impulso que le dio la Generación del 27 al tema, con la excepción ya apuntada de Cernuda; la trágica inspiración que produjeron las muertes de tres toreros impares, como fueron Joselito El Gallo, Ignacio Sánchez Mejías y Manolete; la figura solitaria de Miguel Hernández y el renovado interés de los poetas de la posguerra, como Gabriel Celaya, Blas de Otero y José Hierro. También es síntoma de que es el XX el Siglo de Oro de la poesía taurina la aparición de varias antologías: la ya citada de José María de Cossío (1931 y 1944), la de Rafael Montesinos (1960), la de Mariano Roldán (1970 y 1990) y la de José Manuel Regalado (2004).

Explicado el título, vale la pena comentar brevemente el acierto del subtítulo de la obra: Antología de la poesía española. Porque como dice Francisco Javier López Marcano, “pocos son los literatos y grandes hombres de letras que no han sucumbido a la atracción que provoca la fiesta de los toros y todo cuanto conlleva a su alrededor de leyenda, hechizo y arte. La riqueza plástica que encierra el toreo ha dado rienda suelta a la imaginación de escritores de todos los tiempos y latitudes. Y es que la intrínseca seducción que acompaña a la fiesta representa el mejor campo de cultivo para hilar adjetivos y palabras como sólo los grandes poetas saben hacerlo”. En este caso se cumple, pues, lo que tantas veces se ha dicho: que toda antología de la poesía española será también un viaje por el mundo de los toros; y toda antología de la poesía taurina recorrerá la historia entera de la poesía española.

Luis Jiménez Martos, en un simpático librito titulado Tientos de los toros y su gente, al que cada tanto me entretengo en releer, habla del “Norte, Centro y Sur de los toros”. Del norte, de las tierras de Navarra, viene el toro bravo y su lucha con el hombre, combate y juego que en el centro, en la Corte, se convierte en deporte para la nobleza y entretenimiento para el pueblo. Y siguiendo viaje hacia el sur, recupera su carácter popular y se transforma en verdadero arte. ¿Y qué sucede, mientras tanto, con la poesía? El tópico diría que es el Sur, Andalucía, el eje de la poesía taurina. Y la enorme cantidad de poetas andaluces antologados (147 sobre un total de 334) parecería asegurarlo. Pero Salvador Arias arranca su estudio introductorio con una afirmación polémica, aunque digna de profunda reflexión: Cantabria es el eje fundamental de la poesía taurina del siglo XX. Allí vivieron (convivieron) entre 1920 y 1977 dos entrañables amigos: Gerardo Diego, “el más aficionado y de aliento más sostenido” de entre los poetas taurinos, y el historiador y crítico literario José María de Cossío. Así, en la biblioteca de La Casona de Tudanca se encuentran hoy manuscritos tan importantes como el de El alba del alhelí de Alberti, donde se incluye su poema “Joselito en la gloria”, y el del Llanto por Ignacio Sánchez Mejías de Lorca. Si se quiere, todo un símbolo.

Un capítulo importante del estudio preliminar es el que Salvador Arias le dedica a las antologías anteriores, comenzando por las ya mencionadas de Cossío, cuyos criterios de selección (y de exclusión) mucho tuvieron que ver con sus ideas políticas. Así, la ausencia de Hernández, que fue su estrecho colaborador y al que salvó de la pena de muerte, si bien no de que muriera de pena. Le sigue a las de Cossío la de Rafael Montesinos, seria, enjundiosa, pero limitada a siete autores. Luego las de Mariano Roldán, con 120 escritores, algunos desconocidos hasta entonces, en su primera versión; y más de 300 en la segunda, incluyendo poetas de diversas nacionalidades. Y finalmente la de José Manuel Regalado, bien comentada pero circunscripta a 21 autores españoles. Sin duda todas ellas fueron consultadas por Salvador Arias y por el Consejo Literario Asesor, quienes revisaron y analizaron más de 5000 poemas de temática taurina, de los que resultaron aptos para esta lidia literaria una décima parte, de acuerdo a criterios de “calidad artística, belleza y originalidad, más la riqueza y expresividad del lenguaje”.

Tal vez lo más difícil de reseñar sea la antología en sí misma, y es probable que la obra se resista a una lectura lineal. En todo caso, cada lector le imprimirá sus propios criterios de recepción, por autor, por tema, por movimiento literario, por época, por región, por forma compositiva. Para ello ayudan los índices a los que nos referiremos más adelante. Creo que nadie se sentirá defraudado en el sentido de que los nombres que obligatoriamente tienen que estar, están; son los infaltables: Manuel Machado, Lorca, Alberti, Gerardo Diego, Villalón, Bergamín; pero también están otros que pueden significar una sorpresa: Carmen Conde, García Baena, Claudio Rodríguez. Quienes prefieran a los clásicos se encontrarán con los nombres de José María Pemán, de Moreno Villa, de Villaespesa; y quienes se inclinen por los modernos, podrán hallar a García Jiménez, Carlos Marzal o Carmen Albert. La antología contiene a autores académicos como Dámaso Alonso, Pereda y Buero Vallejo; y mediáticos como Fernando Fernán Gómez y Joaquín Sabinas… En materia ideológica también hay para todos los gustos: poetas de izquierdas: Miguel Hernández, José Hierro, Gabriel Celaya; y de derechas: Muñoz Seca, Rosales, Sánchez Mazas. Hay Premios Nóbel (Aleixandre y Juan Ramón), Premios Cervantes (García Nieto, Guillén, Umbral), poetas de las más variadas profesiones (farmacéuticos como León Felipe, militares como Alonso Alcalde, religiosos como Robles Febré; por supuesto, también toreros: Mario Cabré, Rafael de la Serna). Todo ello no hace más que corroborar la extraordinaria penetración del tema taurino en todos los intersticios de la vida cultural y social española.

Ya en otras reseñas bibliográficas ha llamado la atención la inclusión de una variada documentación adicional: una inédita clasificación en forma de mapa político de la España poética taurina (el Sur, el Norte y el Centro de Jiménez Martos) y numerosos índices que facilitan la labor de consulta e investigación de la antología. Éstos índices van desde los clásicos alfabéticos de autores y de obras, al cronológico, el topográfico de poetas por comunidades autónomas, el temático y el onomástico. De todos, resulta particularmente útil el índice temático, que clasifica las composiciones en los siguientes grupos: el toreo como pretexto alegórico; el torero, con dos subdivisiones: figura y sentimiento y toreros famosos; el toro como protagonista de la fiesta; y finalmente la fiesta, con varios subtemas: esencia del toreo, encuentro toro-torero, el ambiente, otros elementos, suertes y pases, otros ámbitos. En la sección donde se clasifican los poemas dedicados a figuras del toreo encontramos numerosas curiosidades. Por ejemplo, la enorme cantidad de composiciones dedicadas a Manolete, ampliamente el más cantado y llorado de quienes se mencionan en la antología, como así también un buen número de poemas consagrados a espadas actuales: José Tomás y Joselito, entre otros. Curiosamente no hay poemas sobre otras figuras que tienen sus adeptos y sus detractores, pero que indudablemente hacen peso en el mundo del toro: José Tomás, Enrique Ponce, El Juli. No resulta sorprendente que encontremos poemas para Curro Romero, Rafael de Paula o Paco Camino, pero se han ido sin tocar pelo Diego Puerta, Dámaso González y El Viti, si no he leído mal. En esto no podemos abrir juicio, pues la libertad de composición poética es en estos casos soberana. A lo sumo desafiar a los poetas que lean esta sencilla reseña a enriquecer alguna futura edición con esos temas.

Y a propósito de lo anterior, y pese a la titánica labor realizada, creo que aún no está puesto el punto final: que a esta corrida le falta aún el sobrero de regalo que cada vez con más frecuencia se ve en la temporada de México. Y ese sobrero es, precisamente, la poesía hispanoamericana. Sin pretender superar los nombres consagrados de las letras españolas, hay no obstante en América otros que se les pueden poner a la par, así como la tauromaquia americana produjo figuras capaces de igualar a las peninsulares, como fueron los casos de Rodolfo Gaona, Carlos Arruza, César Girón o César Rincón. Y esto también porque creo que España e Hispanoamérica no son realidades diferentes, y menos cuando de toros y de poesía estamos hablando. Queda, pues, el desafío de subtitular a la próxima edición de El Siglo de Oro de la poesía taurina como Antología de la poesía española e hispanoamericana. Porque si los toros han podido inspirar a poetas de lengua inglesa (Byron), alemana (Rilke) o francesa (Cocteau), mucho más aún a los de esta enorme comunidad que habla el castellano y que ya no debería separarse en españoles, mexicanos, venezolanos a argentinos, sino como quería Arturo Uslar Pietri, en ciudadanos de las Repúblicas de Cervantes.

 
Guillermo Pilía (La Plata, Argentina, 1958) es egresado en Letras y escritor. Director de la Cátedra Libre de Cultura Andaluza de la Universidad Nacional de La Plata y titular del Aula de Taurología “Ignacio Sánchez Mejías”.