domingo, 20 de diciembre de 2009

¿San Isidro?

Por Alfonso Ussía
20 de diciembre de 2009

El Parlamento de Cataluña ha aprobado la tramitación de la ley que prohibiría –mejor escrito, prohibirá–, la celebración de las corridas de toros en aquella autonomía. No se engañen los ingenuos. Ni ecologismo, ni defensa de los animales, ni progresismo legislativo. Una grieta más para separarse de España. Primera corrida de toros en Cataluña, a principios del siglo XIV. Barcelona, la única ciudad de España con tres plazas de toros en activo simultáneamente.

¿Cataluña y la cultura? La pintura, la escultura, la música, la literatura, la fotografía… todo eso está en los toros. Y el cine, con Orson Welles a la cabeza, enterradas sus cenizas en un pozo de San Cayetano, la casa rondeña de Antonio Ordóñez, tantas veces compartida con Hemingway y Jean Cocteau. Goya, Vicente López, Picasso, Regoyos, Gutiérrez Solana, decadentes pintores del españolismo trasnochado. La cultura, el progreso de ERC y los nacionalismos del siglo XIX. Marcel Marceau –otro españolista–, en la definición de la Fiesta: «El único arte escénico que se alimenta a sí mismo es la tauromaquia.

La corrida de toros no necesita ni director artístico, ni escenógrafo ni coreógrafo, ni texto, ni música complementaria, porque el toreo es música no compuesta y poesía no escrita». Y Lorca, Cossío, Alberti, Gerardo Diego, Pemán… pobres locos ajenos a la cultura. La cultura es ERC. Prohíbase todo lo que huele a España. No han olido bien. Los toros también huelen a Cataluña, con siete siglos de tradición taurina. Defensa de los animales, no de los niños. A matar sin arte a los indefensos, sangre también, en los vientres de sus madres. Eso es cultura. A poner en riesgo las vidas de los niños que son subidos hasta la cima insegura de una torre humana. Eso es cultura. Me preocupa el futuro de la Fiesta en Madrid.

A Nuria Espert la ha enloquecido de felicidad el primer paso hacia la prohibición: «Para mí es una noticia maravillosa. A ver si de una vez por todas se acaba con las corridas de toros, que son una de las mayores vergüenzas que existen en Europa». En Madrid tenemos impuesta a la nena de doña Nuria, Alicia Moreno, mano derecha del Alcalde Ruiz-Gallardón. Cuidado con la nena, San Isidro, cuidado con la nena, que el Alcalde lleva muchos años sometido a sus contundentes bobadas.

Años atrás, durante el franquismo, los catalanes cruzaban la frontera para ver tetas en Perpignan. Ahora lo harán para asistir a corridas de toros. A los totalitarios vestidos de demócratas nada les gusta más que prohibir. Queda terminantemente prohibido en Cataluña mirar ombligos que no sean el propio. Y todo revestido de decorados y falso progresismo. Cultureta de aldea.

Lo ha dicho Vargas Llosa: «La primera vez que visité Barcelona me maravilló su cultura, su avance respecto al resto de España. Hoy parece un pueblo». Eso. Las ciudades no las definen los grandes edificios, las calles suntuosas y la riqueza de sus habitantes. Las ciudades lo son cuando el pueblo es superado por la inteligencia, y ésta se establece en su armonía, con naturalidad.

Tengo ante mí un libro prodigioso. «El Siglo de Oro de la Poesía Taurina», de Salvador Arias Nieto. La identidad de los poetas apabulla. Eso sí es cultura y modernidad. Pobre gente. Pobre Nuria. Pobres de nosotros, los madrileños, con San Isidro a un paso de ser cuestionado.

http://www.larazon.es/noticia/2408-san-isidro

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